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Conferencia es de Maribel Barreto en el 1er. Seminario de Educación: Plan nacional de Lectura 2005-2010, en el marco de la XIV Feria del Libro de Asunción, el 6 de junio de 2008.

Este encuentro nuestro de hoy, lo divido en tres partes, 1ª) la evolución de la enseñanza de la literatura, 2ª) las nuevas tendencias para la animación de la lectura y por último una recordación a Helio Vera.

La enseñanza de la literatura históricamente ha pasado por muchas etapas, mi exposición abarcará desde el tiempo de don Carlos A. López hasta el presente.

Con la tarea cultural que cumpliera don Carlos A. López, desde la creación de la Academia Literaria (1841) y en especial a partir de la aparición del periódico El Paraguayo Independiente (1845), se inicia la enseñanza de la literatura en el Paraguay.

En esa época, después de una larga ausencia, retorna al país Juan Andrés Gelly que apoya con su magisterio los afanes humanísticos de don Carlos, quien absorbido por el ejercicio del poder, apenas dedica algún tiempo a su cátedra de Latinidad. La fundación del Aula de Filosofía y de la Revista La Aurora (1860) es la raíz originaria del romanticismo paraguayo. ¿Qué se leía en la Academia Literaria? Por supuesto, los clásicos latinos y españoles , pero sobre todo, se iniciaba a los jóvenes en el estudio de la preceptiva literaria y en la escritura; el conocimiento de la versificación llevaba a la composición lirica.

Don Carlos también trajo a Ildefonso Bermejo, español nervioso y voluble, según Raúl Amaral, aunque Efraím Cardozo le concede el titulo de `abanderado`, pero Pérez Maricevich denuncia la extremada mediocridad de Bermejo, sea como sea, éste dio a conocer en el Paraguay las obras de sus coetáneos.

La Guerra contra la Triple Alianza interrumpió la labor de la Academia Literaria. Los cinco años de lucha, frustraron la vida de poetas jóvenes como Natalicio Talavera. Del seno de la Academia salieron los jóvenes del primer grupo de románticos, pero al término de la contienda, los gobiernos sucesivos se ocuparon de la reconstrucción del país. En la
Capital, dos instituciones educativas fueron las insignias de la formación de juventudes, el Colegio Nacional y la Escuela Normal de Maestras, en ellos, la formación literaria de los bachilleres estuvo a cargo de los profesores: Presbítero Fidel Maíz, don Mateo Collar y el Dr. Facundo Machaín.

En el Colegio Nacional se instala la cátedra del Dr. Ramón Zubizarreta, el abogado burgalés que pasó a esta orilla desde la Villa Occidental, hoy Villa Hayes, juntamente con el periodista jurisconsulto catalán, Ricardo Brugada y el poeta gallego Victoriano Abente; ellos componen el plantel de catedráticos de dicho colegio, que dejarán discípulos como Cecilio Báez y Emeterio González. El núcleo se completa con la llegada del gramático español Pbro. Facundo Bienes y Girón, el Dr. Federico Jordán y el Dr. Carlos López Sánchez, doctor en filosofía y letras quien agobiado por enfermedades abandonó el país en el 1900.

¿Qué enseñaron en las aulas de literatura? Estos profesores españoles hicieron conocer a sus alumnos los clásicos griegos y latinos, enseñaron el latín y la gramática española, a más de los clásicos del Siglo de Oro español; pero en lo que más insistían era la Preceptiva Literaria.

¿Metodología? Lectura en voz alta y un erudito comentario del catedrático, no tenían acceso a libros, muy escasos en aquel tiempo, seguramente los traídos de España por los profesores; y éstos, por su formación romántica y espiritualista en literatura y panteísta en filosofía, formaron bachilleres que luego enseñaron en el mismo Colegio Nacional y en la Escuela Normal; Manuel Domínguez, F. R. Moreno, Arsenio López Decoud y Juan E. O’Leary. El caso de Manuel Gondra, es aún más notable, no siendo ni siquiera bachiller, es designado profesor interino de Retórica y Poética, y de Nociones de Literatura General, según decreto del 9 de marzo de 1893.

Llega al Paraguay, en 1904, don Viriato Díaz Pérez; escritor y catedrático español y quedan en manos suyas por espacio de medio siglo las orientaciones de los conocimientos literarios, él fue punto de convergencia de toda una generación y con él se cierra el ciclo de grandes maestros españoles, según Raúl Amaral.

¿Qué se leía en las aulas? A Juan Valera y a Clarín en prosa, y a Salvador Rueda en poesía. Don Viriato puso en auge a Blasco Ibáñez y Valle Inclán, aparte de estos cinco autores a los que leían o escuchaban leer al profesor: conocieron a Jovellanos, Larra, Castelar, Unamuno, Pardo Bazán y en poesía a Campoamor, a Espronceda y a Bécquer; en teatro, a Zorrilla y a Tamayo y Baus.

La enseñanza de la literatura era orientada hacia el naturalismo hispánico con Valera, Pérez Galdós, Pereda, Palacios Valdés y hacia los franceses Balzac, Maupassant, Flaubert. Poéticamente la predilección iba a Víctor Hugo, Verlaine, Baudelaire y Mallarmé.

El mismo don Viriato difundió en los dos colegios de la época, a Juan Ramón Giménez y a los hermanos Machado.
En 1915, según el ya citado Amaral, quedaron sepultados los aires posrománticos y se enseñó el realismo hasta la Guerra del Chaco, la que divide la historia de la educación paraguaya.

Grandes profesores como Juan E. O`Leary y Delfín Chamorro difundieron las obras de los novecentistas y después de la guerra ya surgieron varios maestros y maestras.

Paralelamente, los maestros del Colegio San José dan a conocer la literatura española y a algunos escritores americanos que ellos difundían en sus propios textos. La enseñanza de la lengua se reducía a gramática, caligrafía, ortografía y composición.

¿Con qué libros aprendían los alumnos en los años 40? Con los de F.V.D., los de Rodríguez Medina, libros muy completos que daban una visión histórica de la literatura.

En la enseñanza del castellano se seguía a los maestros Delfín Chamorro y a los hermanos Lezcano que adoptaron la nomenclatura Andrés Bello. En la escuela primaria, después de la revolución del 47 cambiaron los textos de lectura de Ramón I. Cardozo: El Paraguayo Nº 1, El Paraguayo Nº 2 y El Paraguayo Nº 3 de los grados inferiores y los de Manuel Riquelme: Esfuerzo, Aspiración y Solidaridad, de los grados superiores; por los de Concepción Leyes de Chaves: Amanecer, Caminito, Nave, Alegría, Patria mía y Cumbre.

¿En qué consistía la diferencia? En que los primeros tenían capítulos que se referían a la literatura universal, sin descuidar la historia nacional. En cambio, los libros de Leyes de Chaves ponían en primer lugar la cultura paraguaya, el folklore, la artesanía, la música, las historias de los héroes de ambas contiendas guerreras, biografías de los próceres y de grandes maestros y artistas.

Por esa época, la didáctica de la Literatura se centraba mucho en la memorización de nombres de autores, fechas de nacimiento y demás datos biográficos.

Por los años 60 y 70 aparecen los libros de los profesores Rolando y Emina Natalizia, diferentes en su enfoque, apuntando a la modernidad y siguiendo los lineamientos de la Academia Española.

A mitad del s. XX, en el año 57, se pone en vigencia El Plan Uscátegui, llamado así en la jerga estudiantil y en la de los profesores, al Plan del 57, que era el plan de la reforma auspiciado por la misión de los EE.UU.; Punto Cuarto.

¿En qué consistía el Plan? En que la enseñanza enfocaba la literatura desde la división en géneros; en el 4º curso: preceptiva literaria y narrativa, poesía en el 5º y teatro en el 6º. ¿Pero, qué autores se tocaban? Españoles, hispanoamericanos y ya algunos paraguayos, los románticos y los modernistas.

¿Con qué metodología? El estudio se centraba en el autor y su época; más era historia de la literatura, luego, el alumno recibía un comentario del profesor y dejaba poco tiempo para el análisis de la obra; los alumnos repetían los saberes y se practicaba muy poca lectura.

Después de veintidós años, entraron en vigencia, progresivamente, durante los años 75 al 78, las Innovaciones Educativas, nombre con que se conocen las novedades introducidas, más comúnmente llamadas: Currículum Renovado.
Se cambiaron los libros de lectura de Concepción Leyes de Chaves por los de Evelia Surroca y Carmen Domínguez, estos abarcaron los temas de la modernidad de esa década, pero eran inferiores en cuanto al estilo de la prosa de Leyes de Chaves; aunque también traían textos de autores selectos o adaptaciones de los mismos.

¿En qué consistió el cambio en la enseñanza de la Literatura? En que se partía de las obras literarias, para luego hacer referencia al autor y su época. El análisis que se hacía por entonces, era estructuralista, cuyas referencias se tenían en los libros de comentarios de textos de grandes profesores argentinos y españoles como Hortensia Lacau y Mabel Rosetti, ambas estructuralistas, y para la enseñanza de la lengua, a Nicolás Bratosevich; también llegaron por ese entonces, la serie de libros españoles de la Editorial Edelvives, los de Marcos Marín y los de Lázaro Carreter.

Los manuales nacionales que enmarcaron su metodología dentro de los nuevos parámetros exigidos fueron, en literatura los del padre Alonso y Juan Manuel Marcos; Literatura 4, Literatura 5 y Literatura 6, de las profesoras Ela Salazar, Aída de Coronel y la suscrita; Cumbres de la narrativa, del Profesor Ángel R. Giménez; a más de los de la Editorial Don Bosco.

Ya el análisis se orientaba en torno a la estructura del texto en función al contenido, que era comentado en el marco del contexto socio-cultural, político e histórico, en función de las corrientes literarias; sin descuidar el análisis estilístico y semántico, sobre todo en lo referente a poesía. En ese plano, se sitúan los libros de la serie Ñanduti, distribuidos gratuitamente por el Ministerio de Educación y Culto (MEC), que otorgaban mucha importancia a la lectura, al comentario y a la redacción.

En 1992, este plan de estudios fue reemplazado por los nuevos enfoques de estudios literarios, con la Reforma Educativa, aún vigente, que plantea los estudios literarios de acuerdo con las tendencias actuales, según las teorías sobre el fenómeno literario, que se suceden con rapidez. Se acusa a este planteamiento de que olvida que el objeto único de todas las teorías literarias es el texto literario. Se ha afirmado la necesidad de que la teoría literaria nunca pierda contacto con la realidad.

Siguiendo los lineamientos actuales, aparecen la serie de Lengua Castellana y Literatura, la de Lectura y Comunicación, de las profesoras Ela Salazar, Aída de Coronel y María Isabel Barreto de Ramírez; así como Literatura Interactiva, de Nelson Aguilera.

¿Cuál es la novedad del actual plan de estudios? La literatura es abordada según unos ejes temáticos seleccionados por los expertos del MEC. Estos ejes temáticos recorren transversalmente el tiempo y horizontalmente los espacios geográficos, pero con singular énfasis en la literatura nacional, con obras y autores seleccionados para responder a las competencias. La Lengua y la Literatura, hoy en día, deben ser estudiadas en base a las competencias comunicativas, esta
denominación de competencia se debe a Saussure y Chomsky que entienden por competencia el acervo cognoscitivo que de la lengua dada posee el hablante-oyente ideal.

Jacobson sostiene que la competencia se concreta en construir o comprender todas las oraciones gramaticales de un idioma. La sociolingüística demostró que no existe homogeneidad en los hablantes, la Psicolingüística demuestra los procesos de producción y comprensión con el apoyo de la Etnolingüística se demuestra que conocer una lengua consiste en la forma de ver el mundo; conociendo todo esto, el estudio de la lengua está basado en el desarrollo de las competencias; por lo tanto, el núcleo del estudio de la lengua y de la literatura se encuentra en el texto.

¿Cuál es el avance o la novedad de la propuesta? La diversidad de textos, basada en la tipología textual de Teun A. van Dijk en su libro maestro La Ciencia del Texto, no sólo se presentan textos eminentemente literarios sino expositivos, descriptivos, periodísticos, dialogados, teatrales, científicos, históricos y técnicos.

¿Cómo se debe encarar el estudio? Desde el enfoque comunicativo, es decir frente a la perspectiva de enseñar los aspectos formales de la lengua, cada vez cobra más fuerza la idea de entender la enseñanza de la lengua desde un enfoque procedimental e instrumental. Las formas discursivas con que se presentan los mensajes televisivos o publicitarios, que son a los ojos de los usuarios, bastantes más diversos, eficaces y fascinantes que las formas habituales del discurso pedagógico escolar, aunque según Greimas “el discurso pedagógico que pretende ser eficaz pone en funcionamiento una serie de recursos de persuasión que se dirigen a obtener la adhesión completa del receptor”. Entonces, la Reforma desea que el emisor- educador presente el texto de manera interesante, como para producir el encantamiento de la clase. Conviene que los alumnos lean el texto por el texto mismo y no precisamente porque se les proponga un trabajo posterior que deberá ser evaluado.

La propuesta de la lectura es la más importante, porque envuelve el deseo de formar lectores reflexivos y críticos. La lectura es no sólo una preocupación de muchos docentes, sino también un problema de miles de estudiantes y de adultos, en el sentido de que su falta de dominio constituye una barrera que les impide acceder a una mejor información. No sólo se lee poco, sino parece que se lee mal.

Hoy día, en las clases de literatura prima el énfasis en la lectura del texto, que ya no puede ser entendida sólo como una labor de decodificación, reconocimiento de palabras, se trata más bien de un proceso interactivo entre el lector y el contenido del texto. Es por ello, que un mismo texto puede tener múltiples lecturas y diversas interpretaciones y el profesor de literatura deberá entender que cada lector tiene impresiones distintas de acuerdo con su experiencia lectora, y al leer un cuento o una novela el alumno-lector debe considerar el contexto de la obra y el contexto del autor estableciendo dos relaciones, 1ª) el mundo del autor y el mundo del lector, 2ª) el mundo del lector y el mundo del texto. Está en el maestro la habilidad de recontextualizar cada lectura de acuerdo con la edad y la época que se vive.

La animación seductora, como dice Joaquín Serrano en su Didáctica de la Lengua: son todas aquellas actividades lúdicas que se realizan con el fin de estimular a los jóvenes para que se asomen a las páginas de los libros y vean los mundos que de ellas brotan. Esta animación es provocadora, incitadora, y los profesores conocen muchas técnicas para conseguir interesar a sus alumnos, como: la lectura en voz alta, la creación escrita, la revista-biblioteca, visita al autor; hay que aprovechar la presencia de escritores y escritoras nacionales, ya que estas visitas constituyen el gancho para hacer conocer al autor y su obra.

También las jornadas literarias que pueden incluir juegos florales, contador de cuentos, recitación de poemas, concursos de lectura, concursos de creación de cuentos, poemas, relatos, ensayos. Abramos las puertas a la imaginación para ofrecer clases animadas que conquisten lectores cuyo interés puede durar toda la vida.

En los últimos tiempos, vemos con satisfacción un mayor interés por la lectura, creo que hay un avance, por los menos en los colegios de Asunción y en los de algunas capitales departamentales, pero necesitamos que la promoción de la lectura alcance a todos los rincones del país y que en poco tiempo ya no existan bachilleres que lleguen a las puertas de la Universidad sin haber leído un libro completo. También es cierto que se han distribuido textos de lengua y literatura en los colegios oficiales de todo el país, pero es necesario que se les dé el uso esperado, que el alumno pueda utilizar los textos y que éstos no queden postergados en los estantes de las bibliotecas escolares como ha venido sucediendo hasta hace poco tiempo.

Me resulta grata la misión encomendada por el MEC para referirme a Helio Vera, uno de nuestros mejores narradores, recientemente fallecido. Está entre los más originales por su estilo y su manera de relatar asuntos tomados de la intrahistoria. Sus cuentos son auténticas joyas, por su capacidad de fabulación. Parece ser que lo que más le gustaba era el género ensayístico.

En su libro En busca del hueso perdido, brilla su desmesurado ingenio, su brillantez expresiva, un humor irreverente a veces, rayando en la procacidad. En otros libros transita el camino del humor como territorio propio, tal el caso de Diccionario del paraguayo estreñido, que es una versión enriquecida del Diccionario Contrera.

Como cuentista ensayó nuevas formas de narrar, rompió la estética y las estructuras tradicionales, a más de renovar los contenidos con el hallazgo de nuevos temas, que a diferencia de otros escritores contemporáneos él no busca los temas de la modernidad sino incursiona en el ámbito rural y en las capas profundas del folklore, aunque sus relatos resulten poco convencionales.

En los relatos de Angola y otros cuentos, nos enfrenta con un drama de magnitud, una historia que nos arrastra hacia una sociedad hipócrita y racista que mira con indiferencia las vicisitudes de una mujer segregada por su color. En la Consigna, la fábula se desarrolla entre el autoritarismo y la concepción casi mítica de la historia. Póra es el relato sobre los aparecidos, a los que son afectos los hombres y las mujeres de nuestro suelo.

Regino es la concepción paraguaya del Robin Hood, la historia del caudillo criollo, líder rebelde. Su libro La Paciencia de Celestino reúne relatos de carácter histórico como Jueves Santo basado en la matanza de indios conjurados contra Salazar y que fueran delatados por la India Juliana, en aquel jueves santo de 1539.

Críticos como Juan Vicente Peiró ven en los relatos de Angola influencias de Alejo Carpentier, Machado de Asís o de Juan Rulfo, así como un velado realismo mágico subyacente en sus relatos.

La indagación de los mitos ancestrales, de las leyendas tradicionales, aquellas cuyas raíces hay que encontrar en esa mentalidad recóndita de nuestro pueblo y como reflejo de sus pensamientos; un discurso
narrativo que alcanza brillantez en el desdoblamiento de las voces, siempre comprometidas con el carácter local, que como buen guaireño, él las rescata para darle trascendencia universal. Él conoce muy bien el folklore paraguayo y el contexto espacial que vinculan la mentalidad urbana con la rural. El ambiente mágico de su Villarrica natal, le habrá brindado su rica tradición y sus temas, en los que el imaginario colectivo cobra el color y sabor de lo vivido y lo amado, aspectos éstos que captan la diversidad cultural de nuestro país.
En Helio Vera lo irreal se vuelve tangible, se materializa en el tiempo y en el espacio bajo la apariencia de realidad. Se vale del discurso anafórico y del paralelismo, de las frases breves que testimonian la oralidad del narrador cuando relata episodios oscuros de la historia paraguaya.

Su muerte es un hito que marca un antes y un después en la historia de la cuentística nacional, es una pérdida de la que debemos recobrarnos, gozando con la apreciación de sus obras, sonriendo con su humor a veces cáustico, pero siempre sincero y crítico, sin complacencias hipócritas, como ha de ser un escritor que tiene una visión realista de su tiempo.

Es bueno recordarlo con una sonrisa pocas veces alegre, casi siempre irónica. Se nos ha ido un gran escritor, pero nos ha legado su espíritu y su vida en muchas obras que signan su excelencia.

 

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